Continuidad y futuro de la educación

La Dra. Cristy Ballesteros, Jefa del CESED, nos explica los riesgos actuales y una posible educación post pandemia.

Por: Cristy Lourdes Ballesteros Molina.

Una continuidad – discontinua de los procesos de enseñanza y aprendizaje en tiempos de pandemia.

Desde hace algunos meses, que inició la pandemia y el confinamiento como medida de prevención sanitaria, hubo tiempo de reflexionar sobre lo que ha sucedido, y qué está sucediendo en la educación, concretamente de lo que sigue siendo una enseñanza virtual de emergencia, no de normalidad. En tal sentido es menester reflexionar críticamente que la situación evidencia las limitaciones y debilidades del sistema educativo en cuanto a la infraestructura y formación tecnológica, el equipamiento del alumnado y del profesorado en casa, el apoyo familiar necesario, el acompañamiento pedagógico y asistencial, el aumento de las exclusiones y desigualdades por falta de presencialidad y la autonomía del alumnado para realizar tareas virtuales, entre otros. Y destacar un aspecto que ya conocíamos, que las dificultades escolares se agravan cuando los estudiantes necesitan una metodología más inclusiva con especialistas, materiales y entornos adaptados.

A pesar de esta enseñanza virtual de emergencia, aún trabajamos por un tipo de  pedagogía que sigue siendo humanista, socio constructivista y sociocultural, en el que las instituciones educativas de enseñanza básica y superior, tratan de seguir manteniendo para crear y recrear nuevas identidades, redefinir espacios físicos y simbólicos: contacto, relaciones y presencialidad sincrónica, para trabajar la transmisión cultural y el desarrollo personal como seres humanos y sociales; y fomentar espacios de sentido común significativos y simbólicos, para el desarrollo de la humanidad.

En este año y con la pandemia ya puesta, nos queda claro que la educación es una actividad social, no hay duda de que es donde se aprende, pero también nos damos cuenta que es la que permite cuidar a la persona de forma individual y grupal. El proceso de enseñanza en este contexto, requiere un seguimiento y acompañamiento individualizado de cada estudiante dentro de lo posible, es decir, una guía y una supervisión de qué se hace y cómo se hace con su aprendizaje.

En tal sentido, hemos sufrido en la educación lo que el enfoque antropológico de la transmisión cultural (la escuela es cultura por antonomasia), llama el proceso de continuidad y discontinuidad. Antes de la pandemia el proceso educativo de enseñanza y aprendizaje atendía a una suerte de contextos finitos, físicos, experienciales, dinámicos. Era un proceso de continuidad, es decir, aquellos momentos experimentados y vividos donde existe una estabilidad en la forma de ser y comportarse, sin cambios destacables que impliquen la adquisición de nuevas interacciones, prácticas o aprendizajes.

Sin embargo, con la llegada de la pandemia aparece la discontinuidad; es decir, se produce un cambio abrupto entre un modo de ser, de hacer y de estar, incluso un modo de sentir. De repente lo planificado curricularmente se torna, performativo, resiliente, adaptativo. Desde entonces, se organizan nuevas interacciones, nuevas prácticas y nuevos aprendizajes. Y cuando hay una falta de cohesión y preparación entre la continuidad y la discontinuidad se produce mucha ansiedad.

La pandemia nos ha provocado muchas nuevas experiencias inesperadas y abruptas. Y fruto de estas nuevas experiencias -positivas o negativas- tienen lugar los procesos de nueva continuidad y nueva discontinuidad. A lo que hay que sumar la presión de la administración y del propio profesorado porque ha de mantenerse la estructura educativa (currículo, estructura, organización, normativa, metodología, etc., anterior). Por lo tanto, ¿será como la continuidad de antes? No puede ser.

Podemos ver la nueva continuidad y la discontinuidad educativa actual y pasada como positivas, si permiten la metamorfosis educativa entendida como transformación dinámica y regeneración constante. No puede haber soluciones viejas para problemas nuevos. Por lo tanto, deberíamos aprovechar la reflexión y la experiencia vivida para hacer un cambio radical de la forma de enseñar y aprender en esta nueva continuidad y discontinuidad constante. (Huerta, 2014).

Edgar Morín (2011), sobre la ceguera del conocimiento. Nos invita a quitarnos la venda que nos produce la ceguera, y ser capaces de modificar resilientemente el contexto que afecta a las infinitas realidades educativas, y las afecta de una manera discapacitante, limitante, las oprime, constriñe estableciendo rígidos a la normalidad normativa. (Como ejemplo la necesidad de regular a través de los lineamientos del MINEDU [2020] procesos de enseñanza y aprendizaje que nada tienen que ver con las necesidades y expectativas de los estudiantes del Perú).

Hay que permitir a estos niños, niñas, jóvenes, que, con los apoyos y ajustes necesarios, puedan pertenecer, ser ellos mismos y estar en el aula con todo el mundo, que ese es su lugar. Estaremos ciegos de conocimiento si no somos capaces de hacer una metamorfosis para abrirnos a nuevas ideas, a nuevos rumbos, ir mucho más allá de la anterior continuidad, investigar, reflexionar y buscar el cambio colectivamente. Si no somos capaces de perder el miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a los cambios y dejar de creer ciegamente en las ideas o proposiciones ya impuestas y aceptadas por otros, no podremos desarrollar las propias en el campo educativo, en el terreno de la organización de nuevas ideas y propuestas.

Y esta metamorfosis debe analizar y transformar aspectos macro y micro. Dentro de lo macro encontramos tantas cosas que cambiar que no sé si serán necesarias varias legislaturas. Por ejemplo, alcanzar un acuerdo social y político sobre educación con el que alcanzar una gran modernización y, así, evitar hacer tantas reformas.

Si nos centramos en los específicos, a nivel micro se debe cambiar la estructura, la organización y la metodología de las escuelas, se debería huir de la estructura rígida, piramidal y gerencial del profesorado para crear estructuras más flexibles y que permitan una mayor implicación de todo el personal que interactúa en el aprendizaje de los niños (profesorado, personal de servicios, familia, comunidad, territorio, etc.). La revisión del currículo es otro de los asuntos destacables: qué es lo que hay que enseñar y aprender en el siglo XXI. (Huerta 2014) y qué herramientas presenciales y virtuales son necesarias para ello.  Y se añade la situación de pandemia. Tiene que haber un cambio de organización, de estructura, de currículo y del profesorado y su formación. Una metamorfosis total.

Esto que ha pasado y pasa nos obliga a una continuidad dentro de una discontinuidad muy diferente. Hay que luchar por una educación diferente desde los poderes públicos, la sociedad y el profesorado para desarrollar una sociedad mejor con valores democráticos y de responsabilidad colectiva. Paulo Freire nos dice que «la educación no cambia el mundo, cambia a las personas que lo cambiarán». Y en esto debemos poner muchos esfuerzos y no caer en una continuidad (dicen nueva normalidad, pero no lo es) como la que teníamos.

 

  

 

Bibliografía

Rojas Huerta, Arturo (2014).  Retos de la Educación Peruana en el Siglo XXI. REICE. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, vol. 14, núm. 1, pp. 101-115, 2016. Red Iberoamericana de Investigación Sobre Cambio y Eficacia Escolar. Disponible en: https://www.redalyc.org/jatsRepo/551/55143412006/html/index.html

Minedu (2020). La educación frente a la emergencia sanitaria. Brechas del servicio educativo público y privado que afectan una educación a distancia accesible y de calidad. Serie Informes Especiales Nº 027-2020-DP. Defensoría del Pueblo.

Guiddens, Anthony (2011), La constitución de la sociedad. Bases para una teoría de la estructuración, Argentina: Amorrortu.

Morín, E. (2011) La cabeza derecha: repensar la reforma, reformar el pensamiento. Río de Janeiro: Bertrand Brasil.

 

 

 

Cristy Lourdes Ballesteros Molina, es Doctora en Sociología y Antropología y Magíster en Análisis Sociocultural del Conocimiento y la Comunicación por la Universidad Católica Complutense de Madrid. Actualmente es docente en la Universidad Católica Sedes Sapientiae, y Jefa del Centro de Servicios Educativos para el Desarrollo (CESED) de dicha institución.

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