Comida y culpa

Greys Rodríguez, alumna de Redacción Académica, explica la relación entre alimentación, salud física y mental en adolescentes.

REDACCIÓN CAMPUCSS

Por Greys Arleth Rodríguez Mendoza.

 

“Somos tan lineales, que seguimos buscando soluciones en la alimentación, para el problema con el cuerpo. Si tan solo y de una vez entendiéramos que el cuerpo es el lugar que habitamos, creo que nos ahorraríamos años de malos tratos” (Sofía Juárez).

 

Sully (20) se encontraba en su habitación frente al espejo mirando fijamente cada parte de su cuerpo; sus piernas, su abdomen, sus brazos, sus caderas. Odiaba tanto su cuerpo, se sentía gorda. Pero no era cierto, lo que ella veía en el espejo era parte de la percepción distorsionada que tenía de su imagen. Cada semana, realizaba dietas restrictivas, muchas veces no comía y hacía ejercicio, aunque ya ni podía por lo débil que estaba. Pasaban los días, ella seguía su vida con normalidad, o por lo menos eso es lo que ella pensaba. Sin embargo, no estaba alimentándose bien, había días que no comía nada, solo líquidos o algo de fruta. Una tarde tranquila, algo calurosa, pero con el sol ya oculto. Claudia decidió salir a correr como de costumbre, cerca del parque de su casa. Le temblaban las piernas, y no se sentía bien físicamente, pero hizo caso omiso al malestar y salió de todas formas. Empezó a trotar, no llevaba ni cinco minutos cuando de repente se sintió muy cansada. Empezó a ver borroso, le dolía la cabeza, perdió el conocimiento y cayó al piso. Ese día Claudia despertó en el hospital, estaba asustada pues un suero estaba conectado a su brazo, tenía unas sondas por las fosas nasales, ella sabía porqué estaba allí. Al salir del hospital, le dieron indicaciones y la enviaron a psiquiatría. Claudia lleva 5 meses en tratamiento, ya que sufre de anorexia nerviosa. Ella es consciente de lo que padece, pero sabe que si no recibe ayuda su situación podría empeorar. Así, la misma enfermedad acarreó otras enfermedades mentales. Actualmente ya está más estable, pero con algunas secuelas que le dejó la enfermedad.

Este es uno de los muchos casos de trastornos alimenticios que hay en todo el mundo, que afectan de manera grave a jóvenes y adolescentes, tanto a nivel físico y mental. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos de conducta alimentaria son el problema de salud más importante de la humanidad, debido al número de personas afectadas que va en aumento, como por las muertes que ocasiona. Asimismo, explica que se trata de enfermedades que requieren un tratamiento largo, pueden convertirse crónicas, incluso como se mencionó anteriormente, pueden terminar en la muerte.(Vargas, 2013).

 

Bases teóricas

Para hablar de los trastornos alimenticios, de su desencadenamiento y las consecuencias en la salud física y mental de los jóvenes, es importante conocer algunos conceptos previos de esta enfermedad. Profesionales especializados y organizaciones han logrado definir este problema, agrupando un conjunto de comportamientos que caracterizan a las personas que la sufren. Un grupo de especialistas definieron a los trastornos de la conducta alimentaria como alteraciones específicas y severas en la ingesta de los alimentos, generando como consecuencia patrones distorsionados en las personas a la hora de comer, es decir, puede que ingieran alimentos en exceso o dejen de hacerlo; esto en respuesta a un impulso psíquico y no por una necesidad metabólica o biológica. (Méndez, Juan; Vázquez, Verónica y García, Eduardo, 2008, p. 579). Asimismo, el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva manifestó que alude a un conjunto de síntomas, conductas de riesgo y signos que pueden presentarse en diferentes entidades clínicas, con distintos niveles de severidad; se presentan cuando una persona no recibe la ingesta calórica que su cuerpo requiere para funcionar de acuerdo con su edad, estatura y ritmo de vida. Todo esto genera consecuencias graves en la salud como ya se mencionó, especialmente en los jóvenes, pues todo indica que en este grupo (jóvenes y adolescentes) son problemas frecuentes que pueden tener un alto impacto en la calidad de vida. Dentro de las consecuencias en esta etapa están el retardo del crecimiento, desnutrición e incluso la muerte, generalmente se acompañan de alteraciones emocionales que comprometen su normal desempeño en diferentes áreas.(Bay et al., 2005, p. 305).

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS), define a los TCA como enfermedades complejas y multicausales que afectan mayoritariamente a adolescentes y mujeres jóvenes con la intervención del DSM-IV, la definición descriptiva se amplía al considerar que son alteraciones mentales relacionadas a la ingesta alimentaria caracterizadas por una fuerte preocupación por el peso, los alimentos y la figura corporal. Para que más tarde el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales) proponga el cambio a la denominación “trastornos de conducta alimentaria” a “trastornos alimentarios y de la ingestión de alimentos”, ya que consideraron que éstos abarcan conceptos más amplios y no solo involucran la parte conductual. Por ello, actualmente se definen como trastornos persistentes en la alimentación o en el comportamiento relacionado a la comida, que lleva a una alteración en el consumo o en la absorción de los alimentos  causando un deterioro significativo de la salud en tres aspectos: biológico, psicológico y social.(Cotacallapa, 2018).

 

Epidemiología de los TCA

En un principio se dijo que las personas más vulnerables a padecer algún TCA son los jóvenes y adolescentes. Se puede decir que esto sucede debido a que en esta etapa de la vida, el aprendizaje de todo lo que percibimos es más absorbible, por ende, los ideales de belleza, entre otros estereotipos del cuerpo, contribuyen a la insatisfacción corporal, llevándonos a conductas inapropiadas de la alimentación. En un principio parecen ser el mejor camino a tener cuerpo perfecto, pero que en realidad nos acarrea diversas consecuencias u otras enfermedades.

Como resultado en los últimos años en el país y en todo el mundo, diversas fuentes de investigación dieron cifras donde se aprecia la cantidad de personas, la gran mayoría jóvenes menores de veinticinco años. Muchos de ellos padecen de algún tipo de trastorno alimenticio. Dentro de las pesquisas sobre la cantidad de personas que sufren algún trastorno y de acuerdo con la Revista Médica de Costa Rica y Centroamérica (2013), se menciona que la incidencia máxima de los casos por TCA se da entre los 15 y 25 años, y estos mismos pacientes son quienes poseen mayor incidencia de trastornos afectivos que la población general, con una mayor prevalencia de depresión mayor. También menciona que la población en mayor riesgo es la formada por atletas, modelos, deportistas, aquellos con antecedentes familiares de trastornos de la alimentación o con antecedentes de obesidad en la niñez, historia de abuso sexual, de maltrato, antecedentes de depresión y alexitimia. (Baldares, 2013). Por otro lado, a nivel nacional en el Perú, según el Ministerio de Salud (MINSA, 2010), en un estudio elaborado por el Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi”, se realizó una encuesta en 17 ciudades del país, obteniendo una muestra de 9000 adolescentes entre 13 a 19 años, incluidos hombres y mujeres; el estudio pudo demostrar que el 11% de los encuestados sufre trastornos alimenticios, esto nos quiere decir que dentro de la sociedad peruana, una gran cantidad de adolescentes se encuentra vulnerable a caer en un trastorno alimenticio, dejándose llevar por lo ya antes mencionado; las dietas y la importancia patológica de imagen corporal que alude a la delgadez como sinónimo de belleza. (Ramirez. R, 2019).

Otras investigaciones como las de Aliaga. L, Tania A, De la Cruz. J. Vega M (2010) realizaron un estudio acerca de: la sintomatología de los trastornos de la conducta alimentaria en una población adolescente de 13 a 17 años de un colegio del distrito de Independencia (Lima, Perú). Teniendo como resultado que el 17,9% tuvo puntajes elevados para la subescala de obsesión por la delgadez, el 17,9% para bulimia y el 28,2% para insatisfacción corporal. Se llegó a la conclusión que los puntajes obtenidos para obsesión por la delgadez, bulimia e insatisfacción corporal, fueron mayores a los descritos por otros autores. Finalmente, no se encontraron diferencias significativas entre géneros, excepto en la subescala de obsesión por la delgadez.(Salazar, R., 2019).

 

Diagnóstico de un TCA

Es importante que el tratamiento de estos casos se inicie lo más anticipado posible, debido a que de ello depende su pronóstico. Una vez determinada su complejidad corresponde a que sea tratado primero por profesionales de la salud no especialista en la intervención primordial de los resultados precoces, es decir, en la evolución inicial, para después la derivación oportuna y eficaz sea dada por los especialistas. (Cotacallapa, 2018)

Ahora bien, para un correcto diagnóstico hay pasos que se deben seguir, la doctora Baldares explica los pasos a seguir ante la sospecha de algún TCA. Antes de nada, se tiene que realizar una historia clínica completa, descartando patología orgánica y/o psiquiátrica asociada al mismo o como consecuencia de éste. Después, es muy importante la actitud del clínico hacia el paciente, pues es fundamental para conseguir información fiable y garantizar la continuidad del proceso terapéutico. Hay que tener en cuenta que los datos específicos que deben recogerse van desde el conocimiento de la génesis de la enfermedad, las oscilaciones de peso, hasta el conocimiento de la ingesta y el tipo de alimentos que consume o evita, así como sus horarios de comida, métodos utilizados para perder peso, entre otros. Luego, es necesario evaluar el estado mental del paciente para precisar la gravedad psiquiátrica del cuadro y los diagnósticos asociados. Por último, se debe realizar una exploración física que incluya peso, talla, presión arterial, pulso, índice de masa corporal y exámenes de sangre; y psicopatológica que indague sobre la alteración de la imagen corporal, el deseo de adelgazar, los mecanismos empleados para conseguirlo y repercusiones en el ámbito personal y socio familiar. (Baldares, 2013).

 

Tipos de TCA

Al hablar de trastornos alimenticios, hacemos referencia a un grupo de enfermedades relacionadas con las conductas patológicas al momento de alimentarnos. Cada una de estas afecciones tiene diferentes particularidades, estas se subdividen, generando los tipos de trastornos alimenticios. Es importante saber sus definiciones y cuáles son. Por ello, de acuerdo con el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales;)reconoce y los clasifica en Anorexia Nerviosa(AN), Bulimia Nerviosa(BN) y Trastornos Alimentarios no Especificados(TANE). Dentro de este último mencionado, existen varios subtipos que oficialmente no se encuentran reconocidos por el manual, pero se puede decir que son parte de los TANE.

En primer lugar, está la Anorexia Nerviosa (AN), la cual fue descrita por primera vez por Richard Morton en 1694, como problema médico, describió casos de personas, mujeres principalmente, que sufrían pérdida de peso alarmantes no asociada a causas físicas; 2 siglos después, Gull de Inglaterra y Lassegue de Francia describieron otros casos que correspondían a la enfermedad tal como se reconoce actualmente. (López & Treasure, 2011, p. 87). Hoy en día, es uno de los trastornos de la conducta alimentaria que más se ha estudiado, esto debido a los diversos factores que influyen en ella. Considerada una grave enfermedad psiquiátrica, caracterizada por la incapacidad de mantener un cuerpo saludable normal en relación con el peso, generando una obsesión por la delgadez. Como resultado, los afectados desarrollan alteraciones en otras conductas para así perpetuar e incrementar la pérdida de peso, mediante purgas, dietas restrictivas, ejercicio excesivo o ayuno. Algo característico en las personas que lo padecen es que el único estímulo existente en su vida es perder cada vez más peso.(Méndez, Juan Pablo, Vázquez-Velazquez, Verónica, & García-García, 2008). En segundo lugar, tenemos a la bulimia nerviosa, fue descrita como una variante de la Anorexia Nerviosa en 1979 por Russell. La definición de esta se basa en episodios recurrentes de atracones, en los cuales se ingiere una gran cantidad de alimento en un corto espacio de tiempo, generalmente en secreto, seguidos de conductas compensatorias inapropiadas tales como vómitos autoinducidos, abuso de laxantes, uso de diuréticos, hiperactividad física, todo esto acompañado de la alteración sobre la percepción de la forma y del peso corporal. (Baldares, 2013, pág. 479). En último lugar, están los trastornos Alimentarios No Especificados (TANE). “Suelen ser cuadros de AN o BN incompletos, ya sea por su inicio o porque están en vías de resolución. En ellos se ven síntomas similares, pero sin llegar a configurar un cuadro completo, aunque no por ello menos grave”. Afirma la doctora especialista en psiquiatría, María Baldares. Al mismo tiempo menciona que uno de ellos es el Trastorno por Atracón, o también llamado comer demasiado compulsivamente. (Baldares, 2013, p. 480). El trastorno por atracón se caracteriza por la ingesta de grandes cantidades en comida más de lo que podría consumir una persona normal, por lo regular se da en episodios aislados, y en cortos períodos de tiempo. Se puede decir que es la etapa intermedia entre la AN y la BN. En la anorexia se siguen dietas muy estrictas o no se come, muchas personas no lo soportan, de modo que entran en momentos de hambre, ansiedad, estrés o depresión, llevándolas a perder el control y terminar en un atracón. Para después experimentar culpa, enojo o vergüenza que desencadenará al vómito auto inducido, ó sea, bulimia. (Poulisis, 2011, p. 115).

 

Factores que contribuyen a los TCA

Todo problema o enfermedad generada tiene un causante. Siendo estas enfermedades psicosomáticas graves, de etiología multifactorial, que para poder entender se les atribuye a factores. Es probable que uno de los factores principales que incrementa la insatisfacción corporal y el anhelo de delgadez sea el sociocultural. Puesto que en el país y en casi todo el mundo, la revaloración de la delgadez que se hace en cada cultura, es un factor de innegable importancia para la generación de éstos cuadros. Las influencias socioculturales y concretamente, “el anhelo de delgadez”, constituyen el principal factor de predisposición y de mantenimiento de éstos trastornos. Los agentes que contribuyen a la difusión de la estética de la delgadez son muchos, entre ellos están las modas de vestir; en cuanto a su producción y venta de productos, hacen que los servicios adelgazantes con su publicidad generen un rechazo a la obesidad y el sobrepeso. Mayormente son los famosos encarnados en cuerpos delgados, gente muy influyente en medios de comunicación que crean difusión de actividades físicas de riesgo y cambios en el papel social de la mujer. Los factores socioculturales están también relacionados con la familia, pues lamentablemente no solo basta con las ideales de los cuerpos hegemónicos que se tienen que ver en la sociedad, sino también influye bastante la familia, ya sea por un comentario o por malos hábitos alimenticios que nos enseñaron. (Staudt, Mariana;Rojo, Nilda Maria y Germán, 2002, p. 26).

En cuanto al factor psicológico, se refiere a la relación que hay entre el problema de los trastornos alimentarios con otros trastornos mentales, pues se ha concretado que los pacientes con determinados rasgos de personalidad son más propensos a desarrollar alguna de estas enfermedades. Los rasgos de timidez, perfeccionismo, rigidez, baja autoestima, rasgos depresivos, comportamiento obsesivo/compulsivo y ser dubitativo, se asocian a un aumento en el riesgo. Entonces se puede entender que como consecuencia existe una asociación clara entre los Trastornos de Comportamiento Alimentario y distintos trastornos de ansiedad, como el Trastorno obsesivo compulsivo y del humor como depresión mayor. Finalmente, el factor biológico alude a investigaciones que sostienen la hipótesis de la existencia de una alteración en el hipotálamo, hipófisis y ciertos neurotransmisores que explican la causa biológica primaria del comportamiento anómalo. (Gómez, 2012).

 

Consecuencias de los TCA

A causa de las conductas inapropiadas de cualquiera de los trastornos alimentarios ya mencionados, se generan consecuencias, muchas de ellas perjudiciales o irreversibles. Estas se pueden presentar a nivel de la salud física como en el caso de la bulimia nerviosa, donde el cuerpo está en ausencia  de los nutrientes esenciales que necesita para un funcionamiento adecuado, este es forzado a reducir todos sus procesos para conservar energía, resultando en consecuencias médicas muy serias, como la disminución anormal en la frecuencia cardíaca y la presión arterial, indicando que el músculo cardíaco está debilitado, otra es la reducción en la densidad de los huesos (osteoporosis) que resulta en huesos débiles y frágiles, así también la pérdida o debilidad de masa muscular, la deshidratación severa que puede resultar en falla renal, la sensación de desmayo, fatiga y debilidad general, el cabello cae en abundancia, la piel se vuelve seca y por el esfuerzo de conservar el calor corporal, comienza a crecer en todo el cuerpo una capa fina de cabellos conocida como lanugo. Igualmente, para la Bulimia Nerviosa debido a los recurrentes atracones y purgaciones, afecta todo el sistema digestivo, la cual lleva a un desbalance químico y electrolítico en el cuerpo que puede afectar las funciones del corazón u otros órganos principales. Entre ellos esta ruptura gástrica potencial, la inflamación con posible ruptura del esófago, las caries dentales o destrucción de los dientes debido al contacto con los ácidos estomacales durante el vómito frecuente, movimientos intestinales irregulares, constipación crónica como resultado del abuso de laxantes y úlceras pépticas o pancreatitis. Finalmente, en el trastorno por atracón usualmente resulta en muchas de las complicaciones médicas relacionadas con la obesidad clínica, estas incluyen la presión arterial alta, los niveles altos de colesterol, enfermedad cardíaca como resultado de los niveles elevados de triglicéridos, la diabetes mellitus tipo II y enfermedades de la vesícula biliar. (NEDA, 2018).

El hecho de no poder controlar lo que te sucede también genera una enorme frustración, por lo que es fácil que caigas en un círculo vicioso que alimenta la ansiedad. De hecholos trastornos alimentarios suelen ir acompañados de otros problemas como depresión, trastorno bipolar y comportamientos obsesivo-compulsivos. También podrías desarrollar irritabilidad, pérdida de la libido e ideas suicidas. (El Prado, 2021).

Respecto a la cita anterior, se puede decir que a nivel psicológico también existe una gran preocupación, pues se vuelven más vulnerables a padecer otro trastorno mental. Los más frecuentes son la depresión, trastornos de ansiedad y, en particular, obsesivo-compulsivos. Asimismo, se observan trastornos del estado de ánimo, síndrome por déficit atencional con hiperactividad, conductas impulsivas, trastorno de personalidad límite, baja autoestima, autoagresiones e intentos de suicidio.

 

Tratamiento para los TCA

Es importante que cuando se diagnostique un trastorno alimenticio sea tratado a tiempo por profesionales especializados, ya que, como hemos mencionado, las consecuencias de padecerlo son nocivas. En primer lugar, para tratar un TCA se requiere de la acción de un equipo interdisciplinario que esté capacitado para tratar las diversas fases del problema. Este equipo idealmente debe estar comprendido por un médico especialista en el desarrollo adolescente, especialista en nutrición (ya sea nutricionista o nutriólogo), especialistas en salud mental (psiquiatra y psicólogo) y, en los casos de hospitalización, enfermeras especialistas en el manejo de los TCA. Todos estos profesionales tienen que ser profesionales con experiencia en la evaluación y tratamiento de los TCA y en salud adolescente, debido a que cada caso es muy particular. En segundo lugar, es importante tener en consideración que los trastornos alimentarios son enfermedades complejas con un curso crónico. Suelen requerir tratamiento a largo plazo, que puede tomar 5 a 6 años en promedio desde el diagnóstico inicial. Igualmente, la motivación y decisión del tratamiento debe ser apoyada siempre por los padres o familiares. Pongamos por caso a los pacientes con anorexia, estos son llevados a los médicos por la preocupación de algún familiar, amigo o pareja, suele presentar cambios muy notorios en su peso ya que están muy delgados, pero mantienen en secreto sus problemas alimentarios. Al contrario, con los pacientes bulímicos, estos buscan ayuda y están más dispuestos que los anoréxicos a hablar sobre sus síntomas, emociones y conflictos. En ambos casos a los pacientes se les hace difícil ser constantes con el tratamiento por esto se requiere de ayuda o motivación de externos. Finalmente hay que tener conocimiento sobre el tipo de tratamiento que se aplicará en cada caso, saber en cómo están estructurados los programas y ver si está resultando lo aplicado en cada sesión. (Carolina & Janet, 2011, p. 95).

Después de todo lo antes visto se ha podido tener un mayor entendimiento de los que son los trastornos alimenticios, las causas que la generan, como también las consecuencias graves que tiene y que los más afectados son los jóvenes. Dentro de las causas se observaron diversos factores influyentes, siendo el sociocultural el que más predomina en estas patologías. Pues como se mencionó, realmente es difícil lidiar con la sociedad y los ideales de belleza impuestos desde hace muchos años atrás. La idea de que un cuerpo delgado es sinónimo de belleza, es algo que vemos en todos lados, en especial en los medios de comunicación y quitar esta noción de la mente no es tan sencilla, mucho más para los jóvenes y adolescentes que son vulnerables ante esta situación. Por querer llegar a este ideal son capaces de hacer lo que sea, lamentablemente llegando a caer en algún trastorno alimenticio.

En cuanto a las consecuencias, realmente afecta bastante la salud mental y física, muchas de ellas son irremediables. No obstante, va a depender del diagnóstico y tratamiento que cada paciente necesite. Mientras más inmediato se reciba ayuda, las consecuencias serán menos graves o no tan perjudiciales. Además, hay que recordar lo importante de saber cómo lidiar ante un trastorno, pues existen personas especializadas que nos ayudan a superar este problema, asimismo empezar una dieta, es recomendable que se consulte con un Nutricionista, quien te evaluará, brindandote la dieta correcta que tu cuerpo requiera para realizar las actividades diarias. Finalmente, hay que entender que un trastorno alimenticio no es algo que se cura de la noche a la mañana, debido a que afecta muchos aspectos de nuestra salud. Se debe pasar por tratamientos largos, además el respaldo de las personas más cercanas son primordiales para la recuperación de esta enfermedad. Aunque se deja en duda si realmente una persona que sufrió algún tipo de trastorno alimenticio se cura por completo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

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10. Salazar, R., L. Y. (2019). Prevalencia De Trastornos Alimentarios: Anorexia, Bulimia Y Nivel DE Autoestima en Adolescentes de la I. E. Andrés Avellino Cáceres – Baños del Inca – Cajamarca, 2018. (tesis de licenciatura) Universidad Nacional de Cajamarca. Consultado el 17 de junio del 2021 en https://doi.org/https://repositorio.unc.edu.pe/bitstream/handle/UNC/2886/TESIS.pdf?sequence=1&isAllowed=y

11. Staudt, Mariana;Rojo, Nilda Maria y Germán, A. (2002). Trastornos de la conducta alimentaria. Anorexia nerviosa. Nutricion Clinica y Dietetica Hospitalaria, 22(5), 12-17. Consultado el 18 de junio del 2021 en https://med.unne.edu.ar/revistas/revista156/6_156.pdf

12. Vargas, M. J. (2013). Trastornos de la conducta alimentaria. Revista Medica De Costa Rica Y Centroamerica, LXX(607), 475-482. Consultado el 15 de Junio del 2021 en https://www.medigraphic.com/pdfs/revmedcoscen/rmc-2013/rmc133q.pdf

 

 

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