El desarrollo de proyectos solares y otras fuentes renovables puede contribuir a mejorar el acceso a la electricidad en localidades alejadas, con beneficios para la educación, la salud y las actividades productivas.


Por: Piero Alva.

21 de Octubre, 2026.


El acceso a la electricidad es fundamental para el desarrollo de una comunidad. Permite que los estudiantes cuenten con mejores condiciones para aprender, facilita la conservación de medicamentos en establecimientos de salud y abre nuevas oportunidades para los pequeños emprendimientos. Sin embargo, en el Perú, la geografía y la dispersión de las viviendas continúan representando desafíos para llevar este servicio a todas las localidades. Frente a este escenario, las energías renovables se presentan como una alternativa para avanzar hacia una mayor inclusión energética.

En el marco del Día Mundial del Ahorro de Energía, cada 21 de octubre, resulta importante reflexionar sobre el uso responsable de los recursos energéticos y la necesidad de impulsar soluciones que permitan ampliar el acceso a la electricidad, especialmente en las comunidades rurales más alejadas del país.

Una brecha que todavía representa un desafío.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en 2024 el 92,6 % de las viviendas del Perú contaba con acceso a la energía eléctrica mediante la red pública. Aunque esta cifra evidencia una amplia cobertura nacional, también muestra que el servicio aún no llega a todas las viviendas.

La situación requiere especial atención en las zonas rurales, donde las distancias, las dificultades geográficas y los costos de instalación pueden complicar la ampliación de las redes eléctricas convencionales. En estos territorios, las soluciones descentralizadas, como los sistemas solares fotovoltaicos, pueden contribuir a atender necesidades que de otra manera serían más difíciles de cubrir.

El desafío no consiste únicamente en instalar infraestructura, sino también en garantizar que las familias puedan acceder a un servicio confiable, sostenible y económicamente viable a largo plazo.

La energía solar como alternativa para las comunidades alejadas.

El aprovechamiento de la radiación solar mediante paneles fotovoltaicos permite generar electricidad sin necesidad de conectar cada vivienda a una red convencional. Esta característica resulta especialmente útil en localidades dispersas, donde extender las líneas eléctricas puede representar una inversión considerable.

En el Perú existen antecedentes de iniciativas orientadas a aprovechar esta tecnología. Según el Ministerio de Energía y Minas (MINEM), la primera etapa del Programa Masivo Fotovoltaico, implementada desde 2017 y culminada en 2020, permitió electrificar 205 138 viviendas rurales. Asimismo, se instalaron sistemas en 2 368 instituciones educativas y 639 establecimientos de salud.

Estos resultados muestran cómo la energía solar puede contribuir a ampliar el acceso a servicios esenciales en diferentes regiones del país. No obstante, para que sus beneficios sean duraderos, es necesario considerar el mantenimiento de los equipos, la disponibilidad de repuestos y la atención técnica ante posibles fallas.

Más electricidad, nuevas oportunidades de desarrollo.

El impacto de la electrificación rural va más allá de contar con iluminación en una vivienda. Disponer de electricidad puede facilitar el uso de herramientas y equipos, mejorar las condiciones para estudiar durante la noche y contribuir al funcionamiento de servicios básicos.

En el ámbito educativo, la energía permite utilizar recursos tecnológicos y disponer de mejores condiciones para las actividades académicas. En los establecimientos de salud, puede apoyar la conservación de medicamentos y vacunas, así como el funcionamiento de determinados equipos, siempre que se cuente con la infraestructura y las condiciones técnicas necesarias.

También existen oportunidades para las actividades económicas locales. El procesamiento de productos agrícolas, la refrigeración, el bombeo de agua y el funcionamiento de pequeños negocios pueden beneficiarse de un suministro eléctrico adecuado.

El Banco Mundial documentó experiencias en el Perú en las que la electrificación rural se acompañó de iniciativas para promover el uso productivo de la electricidad. Estas acciones brindaron asesoramiento a familias y microempresas dedicadas a actividades como el procesamiento de café, cacao, cereales y productos lácteos.

De esta manera, el acceso a la energía puede convertirse en una herramienta para fortalecer la economía local, siempre que los proyectos respondan a las necesidades de cada comunidad y estén acompañados de capacitación y oportunidades de financiamiento.

El reto de llevar energía limpia de manera sostenible.

Aunque las energías renovables ofrecen importantes posibilidades, su implementación requiere planificación. La instalación de paneles solares, por ejemplo, debe contemplar las condiciones climáticas de cada localidad, la capacidad de almacenamiento de energía, el mantenimiento de las baterías y la formación de personas que puedan atender problemas técnicos.

Asimismo, la participación de las comunidades resulta fundamental para identificar sus necesidades y asegurar que las soluciones propuestas sean pertinentes para su realidad. Un proyecto energético sostenible no debería limitarse a la entrega de equipos: también debe considerar la continuidad del servicio, los costos para los usuarios y la gestión de los componentes al finalizar su vida útil.

A ello se suma la necesidad de distinguir entre los grandes proyectos de generación renovable, que aportan electricidad al sistema eléctrico nacional, y las iniciativas de electrificación rural, que buscan llevar el servicio directamente a viviendas o localidades alejadas. Ambos tipos de proyectos pueden contribuir a la transición energética, pero responden a objetivos y necesidades diferentes.

Una oportunidad para avanzar hacia un desarrollo inclusivo.

El futuro energético del Perú no depende únicamente de generar más electricidad, sino también de garantizar que sus beneficios lleguen a quienes todavía enfrentan dificultades para acceder a ella. En este proceso, las energías renovables pueden desempeñar un papel importante al ofrecer alternativas adaptadas a las características geográficas y sociales de cada territorio.

En el Día Mundial del Ahorro de Energía, la reflexión debe ir más allá de reducir el consumo en los hogares y las ciudades. También invita a pensar en cómo aprovechar los recursos energéticos de manera responsable y promover soluciones que contribuyan a reducir las desigualdades.

Acercar la energía a las comunidades rurales significa crear mejores condiciones para estudiar, cuidar la salud y desarrollar actividades productivas. Para lograrlo, será necesario articular inversión, planificación, innovación tecnológica y participación comunitaria, con el objetivo de que el acceso a la electricidad se traduzca en oportunidades concretas de bienestar y desarrollo sostenible.

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