En Fiestas Patrias solemos celebrar la riqueza de nuestra gastronomía, pero detrás de cada plato existe una historia que comienza mucho antes de llegar a la mesa. El origen de los cultivos, la biodiversidad y el trabajo de miles de agricultores sostienen una de las mayores fortalezas del país: su patrimonio agrícola.

Por: Piero Alva redacción campUCSS.

24 de Julio, 2026.


Cada 28 de julio, las mesas de millones de peruanos se llenan de platos que representan la diversidad del país. Ceviche, pachamanca, ají de gallina, causa o juane comparten un elemento en común: todos tienen como base ingredientes que nacieron o encontraron en el Perú un territorio privilegiado para desarrollarse. Sin embargo, pocas veces la atención se dirige hacia el origen de esos alimentos o hacia las personas que los producen.

Mientras la gastronomía peruana continúa posicionándose como una de las más reconocidas del mundo, existe una realidad menos visible: la conservación de los cultivos nativos, la seguridad alimentaria y el futuro de la agricultura enfrentan desafíos cada vez más complejos.

El Perú es considerado uno de los países megadiversos del planeta y posee una extraordinaria riqueza genética en especies agrícolas. Solo en el caso de la papa, el país conserva más de 3.000 variedades nativas, resultado de miles de años de domesticación y selección realizada por comunidades andinas. Esta diversidad no solo representa un patrimonio cultural, sino también una herramienta estratégica frente a los efectos del cambio climático y la seguridad alimentaria mundial.

Para María del Carmen Villegas, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias y Ambientales de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS), valorar estos cultivos implica comprender un aspecto que suele pasar desapercibido para los consumidores: la trazabilidad de los alimentos.

«Conocer el origen de los alimentos es importante porque nos indica quién los produjo, cómo los produjo y con qué los produjo«.

La especialista sostiene que, a diferencia de otros países donde la procedencia de los productos suele estar claramente identificada, en el Perú todavía existe una importante brecha de información, especialmente en los mercados de abastos.

«Siempre les pregunto a mis alumnos si conocen la procedencia de los alimentos que compran en el mercado y la mayoría no lo sabe. Tenemos una gran falencia en la trazabilidad de los alimentos«.

Más allá de saber si una papa proviene de Huánuco o un ají fue cultivado en la costa norte, la trazabilidad permite conocer aspectos fundamentales relacionados con la producción agrícola: el tipo de agua utilizada, las prácticas de cultivo y el uso de fertilizantes o agroquímicos.

Según Villegas, esa información resulta clave para que el consumidor pueda tomar decisiones más informadas sobre los alimentos que lleva a su mesa.

«Al conocer al productor podemos saber de qué manera ha producido sus cultivos, si ha utilizado agroquímicos, qué tipo de agua emplea y cuáles han sido sus prácticas agrícolas. Como consumidores tenemos derecho a conocer qué estamos consumiendo«.

En un contexto donde la alimentación saludable y la sostenibilidad adquieren cada vez mayor relevancia, la especialista considera que fortalecer la trazabilidad representa uno de los grandes retos para el sistema alimentario peruano.

Detrás de cada ingrediente existe una cadena que comienza mucho antes de la cosecha. Entender ese recorrido no solo permite valorar el trabajo de los agricultores, sino también comprender que la riqueza gastronómica del Perú depende, en gran medida, de la conservación de su extraordinaria biodiversidad agrícola.

Un patrimonio que nació en la tierra.

Hablar de la agricultura peruana es hablar de una historia que comenzó miles de años antes de la conformación del Estado. Mucho antes de que los platos emblemáticos del país conquistaran el mundo, las antiguas civilizaciones que habitaron los Andes ya habían domesticado especies que hoy alimentan a millones de personas dentro y fuera del Perú.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce a los Andes como uno de los principales centros de origen de cultivos de importancia mundial. En esta región se desarrollaron especies como la papa, diversos tipos de maíz y numerosos ajíes, además de otros productos andinos que hoy forman parte de la seguridad alimentaria global.

Para María del Carmen Villegas, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias y Ambientales de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS), el valor de estos cultivos va mucho más allá de su uso cotidiano

«Primero porque son productos nativos, originarios de nuestro país. No los hemos importado con ninguna otra cultura; son originarios de nuestra tierra«.

Su importancia también radica en la enorme diversidad que el territorio peruano ha permitido desarrollar durante miles de años.

«Hay múltiples variedades de papa, de ajíes y de tubérculos en general. Al tener esa variedad podemos decir que el país posee una amplia biodiversidad«.

Ese patrimonio biológico encuentra explicación en la extraordinaria geografía del Perú. La combinación de costa, sierra y selva, junto con una amplia variedad de pisos ecológicos, ha permitido que distintas especies evolucionen y se adapten a condiciones climáticas muy diversas.

«La alimentación cambia dependiendo de la región. En la costa consumimos principalmente arroz, pescados, carnes y aves; en la sierra predominan los tubérculos y otros cultivos andinos. Esa diversidad de productos y de sistemas de producción demuestra la riqueza agrícola que tiene nuestro país«

Esta diversidad no solo representa una ventaja cultural. También constituye una reserva genética de enorme valor para enfrentar enfermedades, plagas y los efectos del cambio climático. El Centro Internacional de la Papa (CIP), con sede en Lima, señala que el Perú forma parte del centro de origen de este cultivo y concentra la mayor diversidad de papas del mundo. Sus investigaciones han permitido desarrollar variedades más resistentes a enfermedades, sequías y condiciones climáticas extremas, fortaleciendo la seguridad alimentaria tanto en el país como en otras regiones del planeta. Sin embargo, esa riqueza no siempre recibe el reconocimiento que merece.

Mientras la gastronomía peruana ocupa titulares internacionales, la labor silenciosa de miles de agricultores continúa siendo poco visible. Son ellos quienes, generación tras generación, conservan semillas, adaptan técnicas de cultivo y mantienen viva una diversidad genética que difícilmente podría recuperarse si llegara a perderse.

La FAO advierte que la conservación de esta agrobiodiversidad resulta fundamental para garantizar sistemas alimentarios resilientes frente a un escenario de cambio climático cada vez más acelerado. Proteger las variedades nativas significa preservar alternativas que podrían ser decisivas para alimentar a las próximas generaciones.

En otras palabras, detrás de una papa nativa o de un ají cultivado en los Andes existe mucho más que un ingrediente: hay siglos de conocimiento acumulado, adaptación al territorio y un patrimonio agrícola que continúa evolucionando gracias al trabajo de las comunidades campesinas y de la investigación científica.

El desafío de proteger lo que alimenta al país.

La biodiversidad agrícola que distingue al Perú enfreta hoy un escenario cada vez más complejo. El aumento de las temperaturas, la ateración de los ciclos de lluvia y la mayor frecuencia de eventos climaticos están modificando las condiciones en las que tradiciomalmente se desarrollan numerosos cultivos.

Para Maria del Carmen Villegas, una de las principales preoucpaciones es precisamente el efecto que el cambio climático está teniendo sobre el comportamiento de los cultivos.

«Ya lo estamos viendo. No tenemos un invierno fuerte y los cultivos están un poco perdidos porque no saben si florecen o no dependiendo del clima. Hay un desfase en las temporadas y eso influirá en la proxima cosecha«.

La docente explica que este desorden en los ciclos naturales podría traducirse en una menor producción agrícola durante las próximas campañas, afectando tanto a productores como a consumidores.

«Es muy probable que la producción se reduzca con respecto a años anteriores y, por consiguiente, exista un desabastecimiento en los mercados y supermercados».

Diversos organismos internacionales coinciden en que la agricultura figura entre los sectores más vulnerables frente al cambio climático. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sostiene que el incremento de la temperatura, la variabilidad de las precipitaciones y la degradación de los suelos representan riesgos crecientes para la producción de alimentos, especialmente en países con una alta diversidad ecológica como el Perú.

Villegas destaca que la Universidad Católica Sedes Sapientiae viene desarrollando iniciativas desde el Centro de Investigación en Seguridad Alimentaria y Nutricional (CISAN) de la Facultad de Ciencias Agrarias y Ambientales.

«Estamos trabajando junto con plataformas multiactor, con productores del Valle del Chillón y con la Red Agroecológica del Perú para reducir la brecha en el manejo de agroquímicos e implementar buenas prácticas agrícolas. Son proyectos que recién empiezan, pero buscan fortalecer una producción más responsable«

Estas acciones coinciden con uno de los objetivos promovidos por la FAO: impulsar sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles, capaces de garantizar alimentos saludables sin comprometer los recursos naturales de las futuras generaciones.

En vísperas de las Fiestas Patrias, cuando la gastronomía peruana vuelve a ocupar un lugar central en las celebraciones, el mensaje trasciende la preparación de los platos tradicionales. Detrás de cada papa, cada mazorca de maíz o cada ají existe una cadena de conocimiento, biodiversidad y trabajo que comienza en el campo y que hace posible una de las mayores riquezas del país.

Celebrar al Perú también significa reconocer a quienes conservan sus semillas, protegen sus cultivos y mantienen viva una diversidad agrícola que constituye no solo un patrimonio nacional, sino una contribución del país a la alimentación del mundo. Porque antes de convertirse en gastronomía, la identidad del Perú nace en su tierra.

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