El verano peruano intensifica el estrés, el insomnio y la irritabilidad, afectando el equilibrio emocional y cognitivo de la población.
Por: Raúl Ángeles, redacción CampUCSS

Las altas temperaturas que caracterizan el verano en el Perú, sumadas a la humedad propia de ciudades como Lima, generan una sensación térmica sofocante que afecta no solo al bienestar físico, sino también a la salud mental. En este contexto, el Dr. Jorge Cordero, docente de la Facultad de Ciencias de la Salud (FCS) de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS), explica que los climas extremos representan un desafío constante para el equilibrio del organismo.
“El cuerpo humano requiere estar a 37 grados. Si hay frío o calor extremo, el organismo trata de compensar para regular esa temperatura y que no exceda los límites”, señala el especialista. Este esfuerzo continuo produce lo que se conoce como estrés térmico, una condición que obliga al cuerpo a redirigir su energía hacia la regulación de la temperatura. Como consecuencia, “aumenta la irritabilidad, el insomnio y disminuye la productividad cognitiva, ya que la energía se desvía a actividades de regulación térmica”.
Este impacto se vuelve más evidente en Lima, donde la humedad intensifica los efectos del calor. El Dr. Cordero explica que, a diferencia de los climas secos, en los que la transpiración permite enfriar el cuerpo, “aquí la humedad impide que el cuerpo se enfríe adecuadamente, generando un mayor agotamiento”. Esta sobrecarga física repercute directamente en la calidad del sueño, generando noches de descanso insuficiente que afectan el desempeño diario.
Dormir mal no solo provoca cansancio, sino que compromete funciones mentales esenciales. “Al día siguiente tenemos un organismo agotado que ve afectada su productividad cognitiva, la rapidez de pensamiento y la toma de decisiones”, afirma. El especialista compara este proceso con una computadora que ejecuta múltiples tareas en segundo plano: el cerebro se vuelve más lento porque gran parte de su energía se utiliza en mantener el equilibrio térmico.
Los efectos del calor son aún más delicados en poblaciones vulnerables, como niños menores de cinco años y adultos mayores, cuyos centros de termorregulación son más frágiles. “Podemos observar confusión mental, irritabilidad o piel roja y seca. En estos casos no se trata de dar pastillas, sino de aplicar compresas frías y acudir inmediatamente a un establecimiento de salud”, advierte.
Finalmente, el Dr. Cordero recomienda adoptar medidas preventivas para proteger la salud mental durante el verano: mantener una hidratación constante, usar ropa de fibras naturales, buscar espacios ventilados y evitar la actividad física intensa entre las 10 de la mañana y las 3 o 4 de la tarde. En un escenario marcado por el cambio climático y la escasa planificación urbana, estas acciones cotidianas resultan fundamentales para preservar el bienestar integral de la población.
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