Elaborado a partir del cacao de Atalaya, en la región Ucayali, el chocolate Maranke de la UCSS pone en valor la biodiversidad amazónica, el trabajo de las comunidades productoras y la importancia de una agricultura sostenible.


Por: Piero Alva.

30 de Setiembre, 2026.


Cada 1 de octubre, el Perú conmemora el Día del Cacao y del Chocolate Peruano, una fecha que invita a reconocer la riqueza de uno de los productos más representativos de nuestra biodiversidad y el esfuerzo de las familias que mantienen viva su producción. Más allá de su presencia en la gastronomía, el cacao constituye una oportunidad para impulsar el desarrollo de las comunidades rurales, promover prácticas agrícolas sostenibles y fortalecer el vínculo entre el territorio y sus recursos naturales.

En este contexto, Atalaya, provincia ubicada en la región Ucayali, destaca por su riqueza cacaotera y su estrecha relación con los bosques amazónicos. Las investigaciones científicas reconocen a las cuencas del Alto Amazonas como un centro de origen y diversidad genética del cacao, cuyo crecimiento natural en los bosques de la región forma parte de un patrimonio biológico de gran valor.

«El cacao silvestre y nativo ha crecido de forma natural en los bosques de Ucayali durante milenios», explica el ingeniero Gustavo Calixto Aliaga, coordinador del Área de Producción e Investigación Agraria de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS) en Atalaya y docente de la Facultad de Ciencias Agrarias y Ambientales de la filial.

Esta riqueza natural constituye el punto de partida de una actividad que, en los últimos años, ha adquirido especial relevancia para las comunidades de la provincia.

El cacao como oportunidad de desarrollo para Atalaya

El cultivo comercial del cacao en Atalaya cobró mayor importancia a partir de 2011 y 2012, impulsado por proyectos de desarrollo agrario promovidos por instituciones públicas, organizaciones no gubernamentales y asociaciones productivas, entre ellas la cooperativa Cacao Atalaya (COOPAIA).

Este proceso permitió que numerosas familias incorporaran el cacao a sus actividades económicas, transitando de una agricultura centrada principalmente en el autoconsumo hacia sistemas de producción tecnificados y con un enfoque sostenible.

Sin embargo, su importancia trasciende el aspecto comercial. Para las comunidades indígenas Yine y Ashéninka, el cultivo también representa una oportunidad para fortalecer su identidad cultural y promover una relación armoniosa con la naturaleza.

«El cacao ha dejado de ser solo un cultivo comercial para convertirse en un símbolo de orgullo y reconciliación territorial», señala Calixto Aliaga, quien destaca su vínculo con la conservación y la cosmovisión de respeto al entorno que mantienen las comunidades de la zona.

En ese sentido, la producción cacaotera genera un impacto que comprende tres dimensiones fundamentales: la conservación ambiental, el desarrollo económico y la inclusión laboral, así como la generación de valor agregado y una mayor autonomía para las economías rurales.

Maranke: una expresión del valor del cacao amazónico.

En medio de esta riqueza natural y productiva surge Maranke, el chocolate de la UCSS elaborado a partir del cacao de Atalaya. Su origen permite reconocer las características de un producto vinculado a la identidad amazónica y destacar el potencial de los recursos locales cuando se articulan con iniciativas de investigación y transformación productiva.

El cacao de esta provincia ha encontrado un espacio en la industria del chocolate fino gracias a sus características geográficas, genéticas y culturales. Sus granos desarrollan un perfil sensorial complejo, con atributos aromáticos que lo distinguen de otras variedades.

«Los cacaos finos de aroma de la zona, como el que se produce en la Finca Alto Marankiari de la UCSS, destacan por su riqueza aromática, con marcadas notas a cítricos, frutales, vegetales y florales, acompañadas de una amargura sutil y agradable«, explica el especialista.

Estas cualidades convierten al cacao de Atalaya en un recurso con potencial para la elaboración de productos diferenciados y con identidad territorial. En este escenario, Maranke representa una oportunidad para acercar al público al origen del cacao amazónico y reconocer el valor de los procesos que permiten transformar un recurso natural en un producto con características propias.

Producción sostenible: cultivar sin perder de vista el bosque.

La producción sostenible del cacao constituye una estrategia que busca equilibrar la rentabilidad económica con la protección de la Amazonía. En Atalaya, este propósito se desarrolla mediante el trabajo conjunto de comunidades nativas, organizaciones agrarias, cooperativas e instituciones públicas y privadas.

Una de las principales prácticas es la implementación de sistemas agroforestales, que permiten cultivar cacao bajo la sombra de árboles nativos, como la bolaina y la capirona, además de incorporar especies como el plátano y la yuca durante las primeras etapas del cultivo. Este modelo reproduce algunas condiciones naturales del bosque y evita la dependencia del monocultivo.

A ello se suman el manejo integrado de plagas y el control biológico, que permiten enfrentar enfermedades como la moniliasis mediante alternativas que reducen el uso de productos químicos. También se promueve la elaboración de abonos orgánicos y biofertilizantes a partir de residuos de las propias parcelas, así como las técnicas de poda e injerto para mejorar la salud y adaptación de las plantas.

Estas prácticas contribuyen a conservar el suelo, aprovechar los recursos disponibles y fortalecer la sostenibilidad de las unidades productivas familiares.

Para Calixto Aliaga, el valor de este modelo radica en que la producción de cacao no debe entenderse únicamente como una actividad económica, sino como una estrategia integral que articula la sostenibilidad, la conservación del bosque, el fortalecimiento social y la identidad cultural de las comunidades.

Los desafíos de una producción competitiva

Pese a los avances alcanzados, los productores de Atalaya y de la región Ucayali enfrentan desafíos que condicionan el desarrollo de una actividad sostenible y competitiva.

Entre ellos se encuentran las variaciones climáticas, que durante la campaña 2025-2026 ocasionaron pérdidas significativas en la producción, así como las exigencias de los mercados internacionales en materia de trazabilidad y georreferenciación.

A estos factores se suman la volatilidad de los precios, los elevados costos de transporte, las dificultades logísticas y el acceso limitado al financiamiento y a tecnologías agrícolas.

Frente a este escenario, fortalecer las capacidades de los productores, promover alianzas estratégicas y consolidar cadenas de valor sostenibles resulta fundamental para ampliar las oportunidades del cacao amazónico y mejorar las condiciones de las familias que dependen de su cultivo.

Una celebración que nos conecta con nuestras raíces

Conmemorar el Día del Cacao y del Chocolate Peruano es reconocer mucho más que un producto. Es valorar la biodiversidad que caracteriza a nuestro país, el conocimiento de las comunidades que trabajan la tierra y las oportunidades que surgen cuando la producción se desarrolla en armonía con el entorno.

«Detrás de cada barra de chocolate y de cada grano de cacao fino de aroma cosechado en esta hermosa tierra ucayalina, palpita el trabajo de cientos de familias y comunidades nativas, como los Yine y Ashéninka», expresa Calixto Aliaga.

Desde Atalaya, Maranke nos recuerda que detrás de cada chocolate existe una historia de territorio, esfuerzo y conservación. Una historia que merece ser conocida y que nos invita a mirar el origen de lo que consumimos, valorar el trabajo de las comunidades productoras y disfrutar con orgullo de un cacao que forma parte de la riqueza natural y cultural de la Amazonía peruana.

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