Los octógonos permiten identificar productos con altos niveles de azúcar, sodio y grasas saturadas, así como aquellos que contienen grasas trans. Sin embargo, su ausencia no necesariamente convierte a un alimento en una opción saludable. Aprender a mirar más allá de estas advertencias puede marcar la diferencia al momento de comprar.

Por: Piero Alva.

4 de Agosto, 2026.


Entrar a un supermercado y escoger qué comer puede parecer una decisión sencilla. Frente a los estantes aparecen productos que prometen ser naturales, ligeros, integrales o bajos en determinados componentes. A ello se suma un elemento que desde hace algunos años forma parte del paisaje cotidiano de los consumidores peruanos: los octógonos negros ubicados en la parte frontal de diversos alimentos y bebidas.

En el Perú, estas advertencias comenzaron a aplicarse obligatoriamente en junio de 2019 como parte de la implementación de la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes. Su finalidad es proporcionar información sencilla y visible cuando determinados alimentos procesados superan los parámetros establecidos para azúcar, sodio o grasas saturadas, además de advertir sobre la presencia de grasas trans.

Pero surge una pregunta que no siempre acompaña la decisión de compra: si un producto no tiene octógonos, ¿significa que es saludable?

Los octógonos son una advertencia, no un certificado de salud.

“Alto en azúcar”, “Alto en sodio”, “Alto en grasas saturadas” y “Contiene grasas trans” son las advertencias que un consumidor puede encontrar en determinados productos procesados comercializados en el país.

Su función principal es alertar. El Ministerio de Salud señala que los octógonos buscan brindar información sencilla y comprensible sobre nutrientes críticos presentes en los productos procesados, permitiendo que las personas tomen decisiones informadas respecto de aquello que consumen.

Esto significa que encontrar uno o varios octógonos en un empaque constituye una señal para prestar atención a su consumo. Sin embargo, hacer el razonamiento contrario (considerar saludable cualquier producto que no los tenga) puede resultar engañoso.

En ese sentido, la Lic. Evelyn Paan, especialista en nutrición, aclaró que “un alimento sin octógonos no significa necesariamente que sea saludable”, ya que muchos alimentos ultraprocesados contienen ingredientes y aditivos cuyo consumo frecuente puede afectar la salud. Por ello, frente a dos productos sin octógonos, todavía pueden existir diferencias importantes en sus ingredientes, composición y aporte nutricional.

Mirar más allá de la parte frontal del envase.

Las decisiones alimentarias no deberían terminar en la parte delantera del empaque. La información nutricional y la lista de ingredientes pueden aportar elementos adicionales para comprender qué estamos consumiendo.

Un producto puede promocionarse mediante expresiones o características que resulten atractivas para el consumidor y, al mismo tiempo, formar parte de una alimentación que debe ser evaluada en su conjunto. Por ello, comparar productos y conocer sus ingredientes puede ser tan importante como comprobar la existencia de una advertencia frontal.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que una alimentación saludable debe sustentarse en cuatro principios: adecuación, equilibrio, moderación y diversidad. Además, señala que los alimentos mínimamente procesados y no procesados constituyen la base de una alimentación saludable.

La especialista también advirtió que uno de los errores más frecuentes es creer que “los alimentos sin octógonos, light o naturistas son siempre saludables o que no engordan”. Por ello, recomendó revisar el tamaño de la porción, la lista de ingredientes y la información nutricional antes de adquirir un producto. En otras palabras, “sin octógonos” y “saludable” no son necesariamente sinónimos.

Volver la mirada hacia los alimentos menos procesados.

Frutas, verduras, legumbres y cereales integrales forman parte de los grupos que la OMS recomienda priorizar dentro de una dieta diversa y equilibrada. Para las personas mayores de diez años, por ejemplo, la organización recomienda procurar un consumo de al menos 400 gramos diarios de frutas y verduras.

Reducir determinados componentes también resulta importante. La OMS recomienda que los adultos limiten la sal a menos de cinco gramos diarios y que los azúcares libres representen menos del 10 % de la ingesta calórica diaria.

En concordancia con estas recomendaciones, el especialista aconsejó “volver a lo natural en la medida de lo posible, priorizando la comida casera”, además de incluir frutas, verduras, proteínas magras y una adecuada hidratación dentro de la alimentación diaria.

Esto no significa que consumir ocasionalmente un producto con una advertencia determine por sí solo la salud de una persona. La alimentación debe observarse de manera integral: frecuencia, cantidades, variedad y hábitos cotidianos forman parte de la ecuación.

Una herramienta para decidir.

A siete años de la implementación obligatoria de las advertencias frontales en el Perú, los octógonos forman parte de la información disponible para millones de consumidores. Su presencia permite reconocer rápidamente determinados productos que requieren especial atención por su contenido de nutrientes críticos.

Elegir un producto únicamente porque no presenta un octógono puede simplificar demasiado una decisión que depende de muchos otros elementos. Observar los ingredientes, revisar la información nutricional, comparar alternativas y priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados son prácticas que complementan la información que ofrecen estas advertencias.

Los octógonos representan una herramienta para orientar al consumidor, pero no reemplazan la importancia de desarrollar hábitos alimentarios saludables ni de comprender la información nutricional en su conjunto.

La próxima vez que un consumidor tenga dos productos frente a él, quizás la pregunta no debería ser solamente ¿tiene octógonos?, sino también ¿qué estoy comiendo realmente?

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